Esto no existe
Esto no existe Este entorno sofocante ha transformado la conversación pública en un monólogo ideológico. No se trata ya de defender o atacar a nadie, sino de constatar que se ha perdido la posibilidad de pensar sin castigo. Sin crítica no hay progreso, sin debate no hay justicia. Pero lo que domina hoy es el consenso forzado, una verdad oficial que se impone no con argumentos, sino con amenazas de silencio y exclusión. Y así, las víctimas reales —todas— siguen sin voz.
Proteger a las mujeres de la violencia es un deber incuestionable. Pero hacerlo a costa de crear nuevas víctimas no es justicia, es venganza. Una sociedad verdaderamente igualitaria no puede aceptar un sistema que reparte privilegios y castigos en función del sexo. La equidad exige mirar cada caso con honestidad, sin ideología, sin prejuicio, sin favoritismos.
Hoy, la ley y el relato dominante protegen solo a un tipo de víctima. Pero hay muchas más: padres separados injustamente de sus hijos, hombres inocentes procesados sin pruebas, mujeres que denuncian por razones ajenas al maltrato, niños usados como armas judiciales. Todas esas historias existen. Son reales. Respiran dolor. Y sin embargo, no caben en la agenda pública.
