Esto no existe
Esto no existe El sistema ha desarrollado una estructura compleja de ayudas, beneficios y protección que se activa automáticamente en cuanto una mujer denuncia ser víctima. Pero si esa denuncia es falsa, el varón queda atrapado en un proceso que lo puede arruinar emocional, económica y socialmente, aunque luego sea declarado inocente. Aún así, rara vez se persigue judicialmente a quien denuncia falsamente. La ley ampara a la supuesta víctima, sin matices, sin filtro, sin verificación previa.
El silencio institucional convierte en cómplices a quienes se supone deben garantizar justicia. La presunción de inocencia se diluye frente a la palabra de quien acusa, y muchas vidas quedan destrozadas en el proceso. Mientras tanto, la narrativa oficial sigue repitiendo que “esto no existe”.
Hay historias que no atraviesan la pantalla. No llegan a los titulares. No se convierten en trending topic. Son vidas rotas que quedan fuera del relato oficial. Padres que dejan de ver a sus hijos durante años. Abuelos que pierden a sus nietos sin despedida. Hombres que pasan noches en calabozos por una palabra que luego se disuelve, pero cuya mancha nunca desaparece.
