Esto no existe
Esto no existe Los medios solo reflejan una parte del drama. La otra es incómoda. Cuestiona el discurso dominante. Por eso se oculta. Cuando estas personas intentan contar lo que les pasó, las puertas se cierran. Programas de televisión que cancelan entrevistas. Radios que no devuelven llamados. Artículos que jamás se publican. La versión que contradice la narrativa es tachada de peligrosa, de negacionista, de inaceptable.
En los juzgados ocurre algo similar. Se tramitan procesos que arrastran a personas inocentes durante meses o años, pero el sistema no revisa su propio impacto. La víctima invisible no cuenta como víctima. No tiene espacio simbólico. No merece registro estadístico. Su sufrimiento no entra en los informes ni en las campañas. Sólo queda el desgaste, el miedo, la vergüenza y una certeza devastadora: nadie va a salir a defenderlos.
El diseño de la ley VioGén otorga beneficios automáticos a quien denuncia: protección judicial, recursos económicos, apoyo institucional, custodia de los hijos, vivienda y más. En muchos casos, estos recursos salvan vidas. Pero hay otros en los que se convierten en herramientas de manipulación y poder. Basta con una denuncia para desatar un proceso penal que puede cambiar el rumbo de una separación o un conflicto familiar.
