Esto no existe
Esto no existe En nombre de la protección, se ha instaurado un sistema legal asimétrico. Dos personas cometen el mismo acto, pero la reacción judicial cambia según quién lo ejecuta. Si un hombre empuja a una mujer, es violencia de género. Si es al revés, es una riña sin mayor relevancia. El criterio no es el hecho en sí, sino el sexo del autor. La ley no busca igualdad ante el delito, sino corregir desigualdades estructurales desde el castigo desigual.
Esta lógica se traslada a la sociedad. Cuando una madre secuestra a sus hijos y los esconde del padre, se la ve como protectora. Si lo hace él, es un delincuente. Cuando una mujer grita o golpea, es comprensible por el contexto. Si lo hace un hombre, confirma su peligrosidad inherente. El relato mediático refuerza esta percepción, construyendo figuras de víctima y verdugo sin analizar los matices ni las circunstancias.
Este doble estándar se justifica desde una idea de justicia “correctiva”, pero termina generando nuevas formas de injusticia. La parcialidad institucional crea un terreno fértil para abusos y manipulaciones, mientras deja desamparadas a las verdaderas víctimas que no encajan en el perfil esperado. El resultado es un sistema que no protege por igual, que juzga por género, no por hechos, y que ha renunciado a la imparcialidad como principio.
