El corazón de una Bridgerton
El corazón de una Bridgerton Michael sintió que sus defensas se desmoronaban. ¿Cómo podía explicarle que cada segundo a su lado era un recordatorio de lo que no podía tener? Pero en lugar de responder, solo se acercó y tomó su mano. Fue un gesto simple, pero ambos sintieron el peso de lo que no se decían.
Esa noche, mientras la lluvia golpeaba las ventanas, Michael entendió que no podía escapar del destino que lo unía a Francesca. Pero también supo que el precio de ese destino sería alto, y que las barreras que los separaban eran más altas de lo que él había imaginado.
Los días se convirtieron en semanas, y entre Michael y Francesca se alzó un muro invisible, hecho de secretos, culpas y un amor que ninguno de los dos podía nombrar. Él seguía evitando su compañía, y cuando no podía, se refugiaba en bromas superficiales o conversaciones sobre la administración de las tierras Kilmartin. Francesca, sin embargo, no era tonta. Cada vez que lo miraba, sentía la tensión en su postura, la carga de algo que Michael nunca decía.