Te doy mi corazón
Te doy mi corazón Mientras bailaban, Sophie se sintió más viva que nunca, como si el peso de sus preocupaciones y las humillaciones de años quedaran atrás, abandonadas al ritmo de la música. Benedict la guiaba con elegancia, sus manos firmes pero suaves, su sonrisa segura y cálida. “Nunca pensé que encontraría a alguien así en un baile”, murmuró él mientras giraban al compás.
“¿Una dama sin nombre, oculta tras una máscara?” Sophie intentó bromear, aunque su corazón latía con fuerza.
“Exactamente”, asintió él, mirándola con una ternura que la desconcertaba. “Como si esta noche fuera nuestra, sin el peso de lo que somos. Solo… nosotros”.
El reloj continuaba avanzando, pero para Sophie el tiempo se había detenido. Durante esa hora y media, se permitió reír, bromear y bailar con una libertad que nunca había experimentado. Los demás invitados parecían apartarse para dejarlos bailar, como si una magia invisible los rodeara. Pero Sophie sabía que aquella ilusión debía romperse. De pronto, el reloj dio la señal de medianoche, y el hechizo comenzó a desvanecerse.