Te doy mi corazón
Te doy mi corazón A partir de aquella noche, Sophie intentó volver a la rutina que tanto conocía, pero las memorias del baile la perseguían. Benedict Bridgerton y su sonrisa cautivadora se habían quedado con una parte de ella, y aunque intentaba olvidarlo, el eco de su risa y el calor de su mano en la suya aparecían en sus pensamientos constantemente. En ese mismo momento, Araminta, ajena a todo, descubrió el vestido que Sophie había usado y supo que había desobedecido sus órdenes. "¡Así que fuiste tú, miserable bastarda!", gritó, sus ojos destilando furia mientras sostenía el vestido desgastado en sus manos.
“No sé de qué está hablando, señora”, respondió Sophie con la voz temblorosa, pero segura. Araminta la miró, frunciendo el ceño con desprecio. "¡Como si fueras algo más que una simple sirvienta! Creí que habías aprendido tu lugar… pero parece que la única solución es que te vayas de esta casa". Antes de que Sophie pudiera reaccionar, Araminta continuó: "Tienes cinco minutos para recoger tus cosas y salir de mi vista. No quiero volver a verte".