Te doy mi corazón
Te doy mi corazón Todo el mundo en Penwood Park sabía, sin palabras, que Sophie Beckett era hija ilegítima del conde. Aunque los criados intentaban hacerla sentir como una pupila cualquiera, no podían ignorar sus profundos ojos verde musgo ni su cabello rubio oscuro, tan parecidos a los del conde. Había llegado una lluviosa noche de julio, cuando tenía apenas tres años, envuelta en una chaqueta vieja. Aquella noche, el ama de llaves había encontrado una carta en el bolsillo de la chaqueta, una carta que el conde leyó una vez y luego arrojó al fuego sin decir palabra. Pero en ese instante, al levantar la barbilla de la pequeña y mirarla a los ojos, ambos supieron la verdad.
Desde ese momento, Sophie ocupó un pequeño cuarto cercano a la sala de niños, una habitación humilde, pero suya. "Esa es mi pupila, la hija de un amigo", decía el conde cuando alguien preguntaba. Y así pasó la niñez de Sophie, en el limbo entre pupila y fantasma. Años de silencios y miradas.
