Te doy mi corazón
Te doy mi corazón Para los criados, ella era una niña dulce y educada, siempre amable y dispuesta a ayudar. Por eso, la querían y protegían, simulando ignorar los innegables parecidos con el conde, sus gestos idénticos, la misma sonrisa que había caracterizado a la hermana fallecida del conde. "Nadie tiene que saberlo, Sophie", susurraba el ama de llaves mientras le acariciaba el cabello. "Para nosotros, siempre serás especial, pero recuerda, debes ser discreta."
A medida que crecía, Sophie se preguntaba sobre su lugar en el mundo y sobre su padre, al que rara vez veía. "Milord, ¿cuándo volverá?", preguntaba a los criados. Ellos solo sonreían, pero no tenían respuestas. Su corazón albergaba la esperanza de que, algún día, el conde la reconocería. Sin embargo, el destino tenía otros planes.
Cuando Sophie tenía diez años, el conde decidió casarse. La noticia provocó un destello de esperanza en su interior. Tal vez ahora, al convertirse en un “hombre de familia”, su padre dedicaría tiempo a conocerla y, quién sabe, quizás encontraría su lugar entre ellos. Y cuando supo que su futura madrastra, Araminta, traía dos hijas de edades cercanas a la suya, Sophie sintió una chispa de emoción. "Tendré hermanas", pensó, apretando las manos para reprimir su entusiasmo.
