Te doy mi corazón
Te doy mi corazón El día que la nueva familia llegó, Sophie esperó junto a los demás criados en el vestíbulo, ansiosa y con la mirada clavada en la puerta. El coche del conde se detuvo afuera, y Sophie contuvo la respiración mientras veía a las dos niñas descender, cada una con un lazo en el cabello, una de color rosa y otra amarillo. Sus rostros serios y elegantes hicieron que Sophie se sintiera torpe e insignificante.
Cuando el conde ayudó finalmente a bajar a su esposa, Sophie sintió un nudo en el pecho. Araminta era hermosa, con una figura esbelta y unos ojos fríos que miraban a su alrededor como si midieran cada rincón de la mansión. Sophie murmuró en voz baja, como una plegaria: "Por favor, que me quiera". Tal vez, si la condesa la aceptaba, su vida en Penwood Park podría ser diferente. Tal vez el conde la miraría con el mismo amor con el que miraba a sus nuevas hijas.
Sin embargo, al observar a Sophie en la penumbra del vestíbulo, Araminta frunció el ceño y sus labios se torcieron en una sonrisa helada. "¿Y quién es esta?", preguntó sin molestarse en ocultar el desprecio en su voz. "Es... mi pupila, la señorita Sophia Beckett," contestó el conde, apartando la mirada. Araminta lanzó una risita sardónica y murmuró: "Ya veo". Y en ese preciso instante, Sophie entendió que su nueva madrastra jamás la aceptaría.
