Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Sabía ya la solución del asunto, y presumía con razón que ésta no iba a hacerse esperar, porque el proceso caminaba a pasos agigantados, y una vez dictada la sentencia, la ejecución le seguiría inmediatamente.
Apenas amaneció entró Andrea a servirle él des— ayuno, porque el preso era tratado con cierta consideración, merced a la tonsura que había recibido.
Aquella mañana Andrea estaba poco comunicativa.
Se entregaba al aseo de la estancia sin hablar una palabra, como si fuese víctima de alguna grave preocupación que absorbiera por completo sus facultades mentales.
Fray Miguel no se había fijado en esta circunstancia: tenía bastante pensando en sí mismo para ocuparse de lo que pudiera pasar a otros.
Da repente, Andrea se encaró con él, dirigiéndole esta pregunta a boca de jarro:
—¿Qué le pasarla a mi marido si vos os escapárais?
El fraile la contempló con asombro; después se encogió de hombros con indiferencia, contestando:
—No le harán nada, porque no me escaparé.
—Pero suponiendo que lo lográseis.,.
—Vamos, déjame en paz, muchacha; la qué hablar de lo que no ha de suceder!
—Contestad, por favor, a mi pregunta.
—¿A qué ese empeño?
—Luego os lo explicaré,