Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Bien, ¿No aseguras que estoy sentenciado a muerte?
—Eso es lo que se dice como más probable. —Entonces, si yo me evadiera, es casi seguro que tu marido ocuparÃa mi puesto en la horca.
—¿De veras?-exclamó la muchacha casi con alegrÃa.
—Le costarÃa mucho trabajo probar su inocencia, porque, incomunicado como estoy, él o tú tenÃais que contribuir a mi evasión.
—¡Es claro!... ¡y como yo negarÃa!...
—Te digo que es probable que le viesen pernear en la piara de Madrigal.
Andrea no replicó una palabra; terminó sus faena» de costumbre y salió, cerrando la puerta sin despedirse.
Luego que el fraile se quedó solo dijo:
—¿CreÃa esa muchacha que le iban a dar algún premio? ¡Yaya, que es original la pregunta! ¡Escaparme! ¡Huir de la muerte! ¡Oh!
Fray Miguel volvió a mirar a la reja; allà los barrotes de hierro, frÃos e insensibles, le contestaban de una manera elocuente.
—¡Oh!-exclamaba—. ¡Haberme dejado coger en esta ratonera! Yo debÃa haber huido solo, esperando a Espinosa dentro ya de Portugal... Si las cosas se hicieran dos veces... ¡cómo se enmendarÃan los errores de la ignorancia, de la imprevisión!... ¡Paciencia! ¡Justo es que los necios paguen sus torpezas!