Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Doña Juana prorrumpió en sollozos.
SentÃáse indignada con lo que fray Diego de Chaves acababa de proponerla.
—¡Ah, Dios mÃo! —exclamó—. ¡ Parece imposible que un hombre tan infame sea una de las personas que más pueden influir en la suerte de mi marido!
Luego doña Juana quedó de nuevo pensativa.
—Ese hombre dice que el motivo que indujo al rey a decretar la prisión de Antonio, es porque éste ha sostenido relaciones amorosas con la princesa de Eboli. ¡Qué infamia! Mi marido es incapaz de faltarme. Sin embargo, no puedo negar que es muy extraño que doña Ana de Mendoza haya perdido también la libertad, precisamente en la misma noche que aprisionaron a Antonio. ¡Qué horrible idea! ¡Si fuesen ciertas las palabras de fray Diego!... ¡Ahà ¡Ese hombre ha arrojado a mi corazón la semilla de la desconfianza!
¡ Pero no, es imposible! Antonio no ama más que a sus hijos y a mÃ; estoy bien segura de su cariño.
Al siguiente dÃa, doña Juana dirigióse, como de costumbre, a la casa de don Alvaro GarcÃa de Toledo, encontrando junto a su esposo al hidalgo EnrÃquez y al doctor Santibáñez.
Se abstuvo de manifestar a su marido cuanto la A noche anterior habÃale dicho fray Diego de Chaves.
