Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Pero hablaba muy claro en contra de él aquel rosario, que ya conocÃan en la cárcel, aquella moneda de oro, aquel pañuelo y aquellos botones que faltarÃan en la ropilla del alcaide.
—¿No eran estos poderosos indicios para que el juez más clemente y benévolo diese por seguro que le habÃa ayudado en la evasión?
De aceptar fray Miguel el trato, el alcaide estaba perdido.
Ya podÃa Andrea ir disponiendo las tocas de la viudez.
En aquel momento más cerca de la horca estaba el alcaide que el reo.
* * *Fray Miguel tenÃa en el oÃdo la última pregunta de la muchacha y la mejor combinada armonÃa no le hubiera causado tanto efecto.
—¿Queréis huir?-le dijo.
Aquél se acercó a ella, cubrió su mano de besos y contestó:
—Sà quiero; de ese modo contribuyo a tu venganza.
—No hay más camino que ese.
Y Andrea señaló a la ventana.
—Para mà es tan seguro y agradable como una carretera,
—¿Qué útiles os hacen falta?