Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Juan Roberto, que desde que habÃa conseguido echar a pique la galera holandesa estuvo contemplando desde el puente de su bergantÃn cómo se cañoneaban las otras dos naves, vió que el buque extranjero largaba todo el aparejo y poco después desaparecieron sus velas en el horizonte.
Entonces una sonrisa dibujóse en sus labios.
—¡Bien!-exclamó — nada nos serÃa más fácil que, aprovechándonos de las excelentes condiciones veleras de nuestro buque, desplegar las lonas y dar alcance al fugitivo; pero no seré yo seguramente quien trate de hacerlo. Harto ha padecido ya el orgullo del holandés. La verdad, que si no llegamos a descubrir al buque español tan oportunamente...
—Hubieran dado bien pronto cuenta de él-interrumpió Manazas.
—En fin, Dios no lo permitió, y nuestro pabellón ha quedado a la altura que le corresponde.
Ahora-prosiguió Juan Roberto-justo es que completemos nuestra buena obra cumpliendo con un deber de humanidad y de cortesÃa.
—No comprendo a qué os referÃs, capitán.
—Quiero decirte que paréceme conveniente que hagamos una visita al capitán del buque español.
