Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Sus enemigos deben haberle causado algunas averÃas, y hasta es posible que necesiten de nuestro bergantÃn para poder continuar su viaje.
—Con efecto; pero ignoramos cuál será el derrotero que piensan seguir.
—Es posible que se dirigiesen al Nuevo Mundo,
—Es verdad.
—Manda, pues, que boten un esquife y pasaremos a bordo de ese buque.
Manazas bajó del puente, cumpliendo luego las órdenes de su capitán.
Un instante después, una de las lanchas del bergantÃn pirata cayó al agua.
El desconocido, a quien hemos visto en el otro boque observando con su criado el negro Domingo hasta los menores movimientos del bergantÃn, no dejó de notar aquellas maniobras.
—¡Pardiez!-exclamó-ahora botan un esquife y saltan a él dos hombres. Uno de ellos parece ser el capitán. A ver, Domingo; llégate al segundo en mi nombre, que te dé el anteojo.
Domingo obedeció.
El desconocido aplicó el punto de mira b w derecho, cerrando el izquierdo.
—¡Es muy singular!-dijo, después de un breve instante de observación.
—¿Qué os sorprende?