Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Roberto, apenas se quedó sólo, dirigió una mirada en torno suyo.
El aposento se hallaba amueblado con1 bastante lujo.
Verdad es que don Diego, al pensar en establecerse en las montañas de Cibao, había traído en el buque todo el menaje de su casa.
Pero lo que principalmente llamó la atención de nuestro protagonista fueron tres retratos que ornaban una de las paredes. Uno de ellos era de una hermosísima dama, cuyas facciones tenían un extraordinario parecido con las de Laura, por lo que el capitán dedujo, desde luego, que era un retrato de la mujer que le dió vida.
En otro de los lienzos hallábase hábilmente trasladado por el pincel de un buen artista la efigie de la hija del hidalgo don Diego.
Por último el tercer retrato era de un caballero de unos cuarenta y tantos años, de facciones enérgicas y abultadas.
Roberto no dudó ni un instante que aquélla fué la efigie del señor de Medina.
Después de examinar los tres lienzos, nuestro protagonista fué haciendo un escrupuloso examen de cuanto había en la estancia.
Armas, libros, nada se escapó a sus curiosas miradas.
Luego acercóse a uno de los dos balcones del aposento.