Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Como nuestros lectores observarán, no era Roberto de los hombres que se detenÃan fácilmente por obstáculos.
Y Domingo dudó algunos instantes sobre el partido que debÃa tomar; pero viendo que Roberto habÃa penetrado ya en el jardÃn y se dirigÃa hacia la casa, no se atrevió a hacerle la más mÃnima observación.
—Luego me reñirá el amo-se dijo—, y hasta es seguro que me caliente las costillas pero cómo le digo a este caballero que don Diego no quiere que entre nadie en su casa durante su ausencia!
Y el pobre Domingo se encogió de hombros. Roberto subió los peldaños de piedra que conducÃan al vestÃbulo de la casa.
—Si no hay inconveniente-dijo—, esperaré aquà a que vuelva don Diego.
—No; mucho mejor es que paséis a su estancia.
—Como, quieras.
Ambos se aventuraron por el zaguán, y después repasar algunas habitaciones, penetraron en el aposento del hidalgo Medina.
—Sentaos, caballero-dijo Domingo.
Roberto obedeció.
Entonces el negro, a fin de prevenir a su amo cuando habÃa pasado y disculpar su conducta, hizo una reverenda, y saliendo de la estancia, dirigióse hacia la cancela, esperando allà el regreso de su señor.