Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Pues nosotros nos hemos acostumbrado hasta la exageración al clima. Verdad que hace muchos años que formamos nuestra colonia.
—¿Sois española?
—SÃ, señor; nacida en la corte.
—Verdad es que debà adivinarlo. ¿ Acaso la gracia y la hermosura que poseéis puede tenerlas una joven que no haya nacido bajo el radiante sol de mi paÃs?
Laura sonrióse al oÃr aquella galanterÃa, e hizo con la cabeza un ligero movimiento en señal de gracias, Roberto continuó:
—¿Y estáis contenta, os consideráis dichosa viviendo aqu�
—SÃ, señor; verdad que no he conocido otra cosa, pues cuando mi padre me trajo a Cibao no contaba más que un año.
—En ese caso...
—Sin embargo, sé por referencia de algunas amigas que forman parte de nuestra colonia, que han Venido después, que en España se hace un género de vida completamente distinto.
—Ya lo creo.
—He oÃdo hablar de reuniones, de farsas que se representan en los corrales; en una palabra, de cuanto sucede en aquel centro de la civilización.
—Y algunas veces habréis soñado con ir allÃ, ¿no es verdad?