Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo La madre de don Luis, a pesar de la inmensa satisfacción que había experimentado con la inesperada presencia de su hijo, poco tiempo después de verificarse el enlace de éste, cayó en una profunda melancolía.
Don Luis, que lo advirtió desde luego, no podía explicarse la causa de su tristeza.
—¿Qué os sucede, madre?-preguntábala con frecuencia—. Algunas veces imagino que mi boda no ha sido de vuestro gusto.
—No lo creas; Luz es un ángel, y no has podido hacer una elección mejor.
—Entonces, ¿por qué estáis triste?
—Preocupaciones tuyas; nada tengo.
Don Luis guardaba silencio, comprendiendo que la condesa no le respondía con sinceridad.
Esta era la única sombra que nublaba la ventura del joven.
Dispúsose, no obstante, a observar hasta conocer el origen de la preocupación de su madre.
Una tarde, al regresar a su casa, le dijo el escudero Barroso:
—Señor, se me ha metido en la cabeza que la condesa se halla preocupada desde un día que vino a visitarla un monje, el cual permaneció más de una hora en su aposento.
