Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Señor-dijo la primera—, afirman que tenéis una gran influencia cerca del monarca, y no lo pongo en duda. Dicen también que en vuestras manos está la salvación de mi marido. Si esto es cierto, una desconsolada esposa y unos desgraciados niños, vienen a implorar vuestra clemencia y vuestra protección.
—IY quién ha podido deciros que está en mi mano salvar a vuestro esposo, señora?-preguntó secamente Vázquez.
—Lo dice todo el mundo.
—Pues os engañan. No puedo ocultaros que gozo de la estimación del rey; pero no hasta el punto de poder inclinar su ánimo a que favorezca a Antonio Pérez.
—Decid más bien que no queréis hacerlo-interrumpió Gregoria.
—¡Que no quiero Ã-exclamó Vázquez mudando de color.
—SÃ; tanto mi madre como yo estamos cansadas de sufrir. Hemos comprendido que tenéis sed de nuestra sangre, y para que podáis saciarla de una vez, y no poco a poco, aquà nos tenéis. Bebedla, señor, de un solo trago, y no nos atormentéis lentamente.
Aquellas palabras, pronunciadas por los candorosos labios de una niña, causaron al segundo secretario ¡ del rey una viva impresión.
Púsose en pie, y midiendo la estancia a grandes pasos, dijo: