Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Ya encontraré ocasiones de hacerlo. Por ahora debo darme por satisfecho con haber Conseguido arrebatarle ala joven. ¡Sólo a ese infame se le ocurre hacer su esposa a la hija de su desventurada vÃctima!
—Es verdad. Pero dime, Juan, ¿y cuándo has recuperado la voz?
—¡Ay, Teresa, cuando penetré en el templo era, como ya te he dicho, el instante en que el sacerdote preguntaba a la señorita si era gustosa de unirse a don Andrés!
—¡Ah!
—Yo no sé qué sentÃ. Una ola de fuego subió desde mi corazón a mi garganta; lancé un rugida semejante al que se escapaba de la boca de león, luego me adelanté hacia el altar, y pude decir algunas palabras.
—¡Ah, Juan, bendito sea Dios!
—Bendito sea mil veces. Pero, mira, Teresa estamos perdiendo un tiempo precioso; puede esa joven volver da tu desmayo, y si se encuentra sola, va a ser más grande su pavor.
—¿Quieres que la acompañe?
—SÃ; vÃstete en seguida, y cuando vuelva a recuperar el sentido procura tranquilizarla. Yo no quiero penetrar en su camarote» porque, como me cree el asesino de don Pedro, mi presencia podrÃa hacerle mucho daño.