Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Juan Roberto penetraba un instante después en el camarote de Lucía.
Esta había abandonado su lecho y hallábase sentada junto a la ventana, por la que se descubría la inmensidad del mar.
Al ver a Juan Roberto le alargó su blanca y aristocrática mane, que el marino llevó a bus labios respetuosamente.
—Siéntate a mi lado, amigo mío-dijo la joven con acento cariñoso,-y perdóname lo mucho que te he hecho sufrir.
El capitán enjugóse una lágrima con el dorso de su callosa mano.
Luego dijo:
—¡Ah, señorita! Vos no habéis tenido la culpa. Todo parecía revelar que el autor del crimen era yo.! Y como tuve la desgracia de quedarme mudo! —Es cierto, pobre Juan.
—No sabéis lo mucho que ha sufrido mi alma al ver que me imputaban el asesinato de mi amo, del bogare que más he querido en este mundo.
—Bien sabes que te correspondía.
