Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Apenas consiguió el bergantÃn pirata verse libre de la persecución de John Leilán, Juan Roberto mandó al timonel que guiase hacia el puerto de Castro.
Luego bajó a su camarote.
ParecÃa hallarse preocupado.
Una ves que estuvo solo, dirigió una mirada a sus riquezas, que hallábanse encerradas en un arca.
—Es preciso volver a Castro-so dijo;-nada más fácil que perder esto, y lo que menos me importarÃa era que el mar se tragase esta arca, pero si caÃa en poder del hidalgo... ¡Ah! ¡no quiero pensarlo siquiera! Cuando arribemos al puerto donde nacÃ, ocultaré las riquezas en la gruta. ¿Dónde pueden hallarse más seguras? Montiño ya estuvo registrando; y como nada encontró, no es fácil que imagine que luego he ido a guardarlas en aquel sitio. También deseo ver a Cándida. ¡Pobrecilla, cuán inquieta estará!
Luego Juan Roberto llamó a Calabrote.
—Oye, mi viejo amigo-le dijo;-es necesario que tan pronto como se descubra el puerto de Castro, hagamos una pequeña parada.
—Muy bien, capitán.
—Mi deseo es que me ayudes a transportar mis riquezas, y que entre los dos las enterremos en la cueva del Diablo.
