Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Ya sé que tendréis que decir a esa muchacha muchas ternezas —respondió al capitán cuando le invitó a que se acercase,-y para los oÃdos de un viejo marinero no hay ecos más gratos que el estampido del cañón o el rudo acento de la tempestad.
—Sea como quieras, Calabrote.
—Aquà os aguardo.
En aquel instante, Cándida abrió la puerta y se precipitó en los brazos de su novio.
—¡Ah, Juan mÃo! ¡Cuán dichosa soy en este momento! ¡No sabes cuán inquieta he estado!
—Lo creo, Cándida de mi corazón'-respondió eL marinero, estrechando a la joven contra su pecho.
Cándida, que no tenÃa la menor noticia de que su amante hubiese recuperado el uso de la palabra, fijó sus ojos con asombro en Juan.
—¡Ya hablas!-exclamó.
—Afortunadamente, después de muchos padecimientos, puedo expresarte lo que te quiero.
—¡Bendito sea Dios!
—SÃ, Cándida; bendito sea, y macho más has de bendecirle cuando sepas en qué momento recuperé la voz. —Entra, entra en casa; echaré un poco de leña en el hogar, y me referirás cuento ha sucedido
—Debo advertirte que permaneceré a tu lado muy breves instantes.