Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Precisamente porque declaró es por lo que la viuda y los hijos de don Juan reclaman justicia.
—Es imposible que dijese que Antonio fué el matador.
—Lo dijo, sin embargo.
—Únicamente una obcecación de un moribundo justifica esas afirmaciones. Me consta que mi marido se hallaba en palacio cuando se verificó el crimen.
—Lo cual no significa que él no tomase una iniciativa muy directa en lo que le atribuyen.
—No comprendo vuestra sospecha.
—Claro es que Antonio Pérez no había de herir al secretario dé don Juan de Austria con su propia espada.
—¿Luego creéis que buscó cómplices para qué ejecutasen su orden?
—Yo, no, señora; lejos está de mi ánimo asegurar semejante cosa.
—¿Entonces?...
—Me limito a deciros lo que creen y dicen Las gentes.
—Pues si Escobedo, al verse acometido, sospechó que los malhechores eran enviados por mi esposo, esto no puede ser más que una suposición más o menos fundada.