Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Desde luego. En fin, ya os he dicho cuál es el objeto de mi visita. El rey se ha visto obligado a tomar en apariencia una resolución enérgica; pero tan pronto Como cesen las murmuraciones del mundo, y esto será muy en breve, vuestro marido volverá a esta casa,, desempeñando de nuevo el cargo que hasta ahora tuvo.
. —Dad las gracias a su majestad y decidle que confÃo en su promesa.
—Bien podéis hacerlo; ya sabéis que don Felipe no promete nunca lo que no ha de cumplir. Ahora lo único que debo recomendaros, es que no digáis absolutamente a nadie cuáles son los proyectos del rey.
—Padre, yo os prometo guardar el más profundo silencio.
—Don Felipe aprecia mucho a Pérez, y ha tenido que hacer un gran esfuerzo para tratarle con tanto rigor.
—¿Antonio ignorará por completo cuál es la actitud del monarca?
—Seguramente; pero, como vos le veréis, os ruego le hagáis saber lo que sucede.
—Lo haré, aunque no sea más que para tranquilizarle. DÃcese que también anoche se verificó la prisión de una ilustre dama...
—Es cierto, de doña Ana de Mendoza y de la Cerda.
—¡Es singular!
—Ignoro las razones que el rey ha tenido para esta determinación.