Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Apenas salió de la casa Antonio Pérez el confesor de su majestad, abrióse la puerta de la estancia contigua a aquella en que el fraile y doña Juana habÃan hablado
Gregoria, la hija del secretario, que, como saben nuestros lectores, escuchaba cuanto se dijeron su madre y fray Diego, apareció en el dintel.
Doña Juana hallábase sumamente pensativa, tanto, que no advirtió siquiera la presencia de la adolescente.
Gregoria se aproximó a su madre, y, arrojándose en sus brazos, la cubrió de besos.
Estremecióse doña Juana al sentir le dulce contacto de aquellos labios casi infantiles.
—Madre-dijo la niña—, he oÃdo cuanto ese hombre os ha dicho.
—¿ De modo, hija de mi alma, que estarás más tranquila?
—No lo creáis. Por el contrario, nunca me he encontrado tan disgustada como ahora.
—No comprendo.
