Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —A través de las falaces sonrÃas del confesor del rey, adivino algo siniestro que me hace estremecer y me infunde espanto, asà como el marinero presiente la tormenta aunque el firmamento se halle cubierto de un hernioso azul.
—¡Pobre ángel mÃo!
—No lo dudéis, madre mÃa.
—Posible es que, a pesar de tu inocencia, hayas comprendido la verdad.
—Muchas veces mi padre nos ha dicho que fray Diego de Chaves es uno de sus enemigos más irreconciliables, y do es posible que tan pronto haya cambiado de opinión.
—Es verdad.
—¿ Cuál es su objeto al venir a esta casa? Esto es lo que ignoro. Dice que prestar consuelo a vuestra alma justamente afligida, sin comprender que no hay lenitivos para ciertos dolores, cuando son tan intensos como los que sentimos. Afirma también que los propósitos del rey no son otros que hacer que cesen las murmuraciones de la familia de don Juan de Escobedo; pero esto no es comprensible.
—¿Por qué, Gregoria?-preguntó doña Juana, a quien agradaba oÃr los claros razonamientos de su hija.