Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Bien sabéis, madre-prosiguió la joven—, que no es el monarca hombre que se ha esclavizado nunca. Impórtanle poco las interpretaciones que hagan los demás y sólo mi padre ha tenido la desgracia de que ahora se despierte su susceptibilidad, temeroso de que la opinión le censure de débil. Yo creo que mi pobre padre se halla muy en peligro, y la desgracia es que mi; hermanito no tenga siquiera ocho o nueve años más.
—¿Para qué querrÃas que tu hermano fuese ya un hombre?
—-¡Ah, madre mÃa! Entonces él buscarÃa medios para salvar a mi padre; pero, por desgracia, ahora no tenemos a nadie que verdaderamente se interese por él, si se exceptúa a vos, que sois una débil mujer, y a mÃ, que soy una pobre niña.
—Es cierto, hija de mi alma.
—En cambio, si mi hermano tuviese más edad, él arrancarÃa al prisionero de las crueles manos de la justicia, y partirÃamos a Aragón o a otro paÃs más lejano; como le aconsejábais antes que la desgracia cerniese sus fatÃdicas alas sobre nuestras frentes.
—¿Luego tú sabes que yo daba ese consejo a tu fe padre?
—¡Ya lo creo que lo sé! Eso hubiese sido lo mejor; pero, por desgracia, no se hizo.
Doña Juana besó de nuevo a su hija