Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Ni de noche ni de dÃa quiso cerrar los ojos, temiendo que el astuto Montiño inventase algún medio para huir.
—Lo único que siento-decÃale con frecuencia—, es que muy en breve llegaremos a la Corana, donde John Leilán te entregará a la mano de hierro de la Inquisición.
—No han de aplicarme en ella mayores tormentos que los que aquà sufro.
—Pues por eso. Comprendo que estás aburrido de mis chanzas, y me agrada sobremanera.
Montiño contentábase con dirigir a Calabrote miradas de odio, que no conseguÃan sino excitar la hilaridad del marinero.
—¿ Y llegaremos pronto?
—SÃ; por desgracia, ya se descubre la costa.
—¡Bendito sea Dios!
—Puede ser que luego eches de menos mi tratamiento.
—Es imposible.
—¡Qué sé yo! Los frailes no creo que sean más compasivos que los piratas; en fin. ya me lo dirás cuando te lleven al quemadero; pues te juro que no faltaré, aunque no sea más que para reÃrme de las gesticulaciones que hagas.
Y Calabrote, al decir esto, aplicó la mecha a su enorme pipa llena de tabaco.