Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Continúo ignorando a lo que te refieres.
—Esa voz, ese dulce eco que conmueve las fibras más delicadas de nuestro organismo, es la independencia; palabra santa que no conoces más que de nombre. —No lo creas.
—¿Me negarás que en tu vida de pirata te has visto siempre supeditado a la voluntad de un capitán?
—No te lo niego.
—Serviste en el Rayo cuando Roberto era tu jefe. Luego, porque te impuso un injusto castigo, entraste en negociaciones con Bartolessi, que era mi segundo.
—Verdad.
—Más tarde quedaste bajo la dependencia del italiano.
—SÃ.
—Hasta hace poco fuiste piloto de Juan Sinmiedo, y ahora te hallas a las órdenes de John Leilán.
—Todo eso es una verdad.
—Dime, Calabrote, en tu gran experiencia marÃtima, adquirida en un considerable número de años, ¿ no te atreverÃas a mandar un buque, por lo menos con el acierto que las personas que te he nombrado?
—Creo que sÃ.
—¿ Y no te agradarÃa mucho más dar tus órdenes desde el puente de un bergantÃn que tener que recibirlas a cada momento?