Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Pero don Rodrigo habÃa desaparecido ya entre la multitud de transeúntes que discurrÃan a la izquierda y derecha.
—Ya voló el pájaro-se dijo—; he sido un torpe en dejar que se escapara, habiéndole tenido en la mano. Reflexionemos. Peñalosa me ha prometido entregarme el resto de la cantidad estipulada cuando PepÃn haya muerto; pero como el aventurero tiene de cobarde lo mismo que yo de obispo, es posible que nuestro deseó no se lleve a cabo, y que el espadachÃn que yo busque reciba una lección del saltimbanqui. Si sucede asÃ, don Rodrigo no me cumplirá su oferta, y yo me quedaré tan pobre como hoy. La cosa merece pensarse. Yo creo que los negocios, cuanto más se meditan, mejores resultados producen.
Carranza llamó al hostelero.
Este se aproximó.
—Tráeme una botella de Sorrento.
—Al instante.
—De esta manera veré las cosas más claras. Quién puede dudar que el vino, cuando no se bebe con exceso, es un agente poderoso para despejar la imaginación, asà como la embota cuando se abusa de él.
Y aquel admirador del dios Baco se sonrió.
Un instante después, el hostelero colocó sobre la mesa la botella descorchada.
Carranza escanció en su vaso.