Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo APENAS vio Carranza salir de la hostería al hidalgo Peñalosa, una sonrisa de inmensa satisfacción se dibujó en sus labios.
Sacó los ciento cincuenta escudos que
acababa de entregarle don Rodrigo, y contólos de nuevo.
—Perfectamente-se dijo—; hoy he hecho un buen negocio. Preciso es obrar siempre de esta manera. Dice un refrán que paga adelantada es paga viciosa; pero yo lo que creo es que todavía es más vicioso prestar un servicio para que lo recompensen después de verificarlo.
¡Ciento cincuenta escudos! No es muy poco Trátase, sin embargo, de quitarle la vida a Pepín; cosa por la que exigirán, por lo menos, este cantidad.
Carranza quedóse pensativo.
Hacía sus cuentas.
Luego prosiguió:
—¡Y cuando el aventurero haya dejado de existir, entonces será cuando me entregarán los otros ciento cincuenta escudos que restan de saldo a mi favor! He sido un iluso: he debido pedirle al hidalgo Peñalosa la cantidad completa para que el negocio merezca este nombre.
Carranza se levantó súbitamente del asiento que ocupaba, y asomose a la calle.