Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —No me hagáis la menor pregunta hasta que aceptéis mis proposiciones y quede cerrado el trato,
—En ese caso, no puedo aceptar.
—¿ Por qué?
—¿Queréis que os conteste con sinceridad —No deseo otra cosa.
—Porque estoy firmemente persuadido de que cuanto acabáis de decirme no es más que un medio más o menos ingenioso para que os entregue trescientos escudos.
Carranza no pudo reprimir un movimiento de sorpresa.
—¿ Luego creéis que todo es un engaño?
—Estoy plenamente convencido de ello.
—Mal hacéis en suponerlo.
—Quizás no.
—Partiendo de esa base, es imposible hacer que entréis en negociaciones.
—En absoluto.
—Decidme una solución.
Decidme que persona es la que trata de darme la muerte, y entonces yo os entregaré lo que me pedÃs.
—Es imposible.
—Pues mas imposible todavÃa es que os dé los trescientos escudos.
—Vais a arrepentiros.
—Eso, nunca. Yo no me arrepiento jamás de seguir el camino que me indican mis presentimientos.
—Tal vez en esta ocasión no os suceda lo mismo.