Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿Y por qué no me reveláis el nombre de mi enemigo antes de que os haga entrega de esa cantidad?
¿ Acaso dudáis del cumplimiento de mi palabra?
—No dudo de ella, pero...
—Acabad.
—La noche que os conocà en la venta de las cercanÃas de Aranjuez, os propuse sinceramente un negocio, cuyos excelentes resultados estáis viendo.
—Es verdad.
—Creo que entre ser un humilde saltimbanquis o hallaros en esta morada, la elección no es dudosa.
—Cierto.
—Como es natural-prosiguió Carranza—, al haceros aquel servicio, yo tenÃa mis justas y legÃtimas aspiraciones, pero éstas viéronse defraudadas muy en breve.
—Carranza, querÃais un imposible; yo no puedo sacrificar a la condesa con desembolsos cotidianos.
—Decid más bien que os considerasteis suficientemente seguro y quisisteis desentenderos de mÃ.
—No lo creáis.
—Hay cosas que resultan tan claras que no dejan siquiera lugar a la duda.
PepÃn se sonrió.