Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —He estado reflexionando despacio sobre vuestras palabras; y aunque no os negaré que me merecieron poco crédito, dicen que los consejos deben tomarse de los enemigos.
—¿ Luego vos me consideráis como a tal?
—No sé qué responderos.
—Estáis en un lamentable error. Debo advertiros que si al venir a vuestra casa no tuviera más móvil que el del mercenario interés, podrÃa realizar mis aspiraciones sin recurrir a vos.
—No comprendo.
—La persona que trata de asestaros un golpe mortal tampoco está desheredada por la fortuna.
—¡Ah! ¿Luego mis enemigos son opulentos?
—Lo son.
—Me lo figuraba.
—¿ Por qué?
—Porque vos no sabéis tratar con gentes que no os reporten algún beneficio.
—Mal concepto habéis formado de mÃ.
—¿ Conque es decir que si yo os entrego trescientos escudos, que es el precio que estipulasteis, me reveláis ese secreto?
—En seguida; y os hago además la firme promesa de no volver a mezclarme en vuestros asuntos, a menos que lo solicitéis.