Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Carranza llenó un vaso.
Eran las dos de la noche, cuando se abrió de nuevo la puerta de la tasca, dando paso a Marcial el Bravo.
Este era un hombre de unos treinta años, aunque la vida de relajación que habÃa pasado, hacÃa que representase unos diez más.
Su desaliñada barba y su negro bigote, cubrÃan sus labios desdeñosos y sagaces.
Sus ojos como el azabache, no se inclinaban jamás al suelo.
Iba cubierto con una ancha capa y un sombrero calado hasta los ojos.
Marcial dirigió una mirada a su alrededor, e iba a sentarse en uno de los ángulos de la habitación, cuando se le aproximó Carranza.
El Bravo fijó en él sus penetrantes ojos.
—Tenemos que hablar-le dijo el histrión.
—Pues ninguna ocasión más propicia qué la presente,
Carranza se sentó junto al espadachÃn.
—¿Qué ocurre, camarada?
—Se trata de hacer un negocio.
—Mejor que mejor.
—Y a fin de que con la conversación no se nos seque el gaznate, tomaremos lo que te parezca.
—Vengan, pues, unos tragos, que éstos nunca vienen mal.