Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —En cuanto a. mÃ, nada os pido. Os debo demasiados favores para que me guÃe el interés. Si voluntariamente me dais alguna recompensa, la aceptaré, porque de otra manera lo tomarÃais a desprecio, y no quiero herir vuestra susceptibilidad.
—¿ Y dices que las personas elegidas tienen buenas condiciones para el objeto?
—Inmejorables, don Rodrigo. Son la flor y nata de los espadachines de la corte.
—Perfectamente.
—Mañana provocarán a PepÃn; y como éste tiene la cabeza bastante ligera, aceptará el reto. De este modo, nadie puede sospechar que habéis tenido en la cosa la más pequeña intervención.
Asà debe ser.
—Muy pronto el ilustre condado de Peñalosa será vuestro.
—Deseos tengo de ello.
—No lo dudo, don Rodrigo.
—¿ Die manera que habéis quedado en que mañana...?
—A las siete tengo una cita con ellos, y desde la tasca en que nos reuniremos, les guiaré hasta el palacio de Peñalosa.
—Mucha prudencia. Si PepÃn os ve con esos hombres...
—No tengáis el menor cuidado; no mÃe verá.