Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo El hidalgo Peñalosa hallábase, con efecto, muy impaciente.
Apenas vio entrar a Carranza restregándose las manos como el hombre que se halla satisfecho hasta no poder más, comprendió que todo estaba arreglado.
—¿Qué os habéis hecho estos dÃas?-le pregunto.
—¿Creéis, don Rodrigo, que ciertos asuntos no requieren algún tiempo?
—Como no habéis venido...
—He estado buscando una persona de verdaderas condiciones para la realización de nuestro proyecto.
—¿ Y la encontrasteis?
—Todo está corriente, gracias a mi eficacia y buen deseo de serviros.
—¿Cuándo se dará el golpe?
—Mañana mismo.
—Bien, Carranza; en esta ocasión estoy satisfecho de vuestra conducta.
—Ya podéis estarlo; pero debo advertiros que los espadachines no se conforman con la cantidad que estipulamos.
—Que cumplan como buenos, y después hablaremos.
—Poca cosa. Tengo la seguridad de que con doscientos escudos más, quedan completamente satisfechos.
—LÃos. tendrán.