Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Carranza se despidió del asesino, saliendo en seguida de la tasca.
—Perfectamente-se dijo—; esto es un hecho. No quisiera estar en el pellejo de PepÃn. Ahora veré a don Rodrigo, y con el pretexto de que el espadachÃn pide mayor recompensa, podré sacarle algunos escudos más.
Seguramente que se halla presa de la impaciencia más devoradora. ¡ Ah, PepÃn, quién habÃa de decirme que la noche que te conocà en la venta ruinosa, habÃa de hacer mas tarde negociaciones para que te dieran tu merecido!... En fin, tuya es la culpa, que no has querido soltar los cuatrocientos escudos.
Y Carranza, haciéndose estas reflexiones, llegó a la morada de don Rodrigo.