Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Apenas penetró Carranza en la habitación, dejóse caer sobre un diván.
Estaba jadeante.
Gruesas gotas de sudor corrÃan por su frente.
Teresa se sentó a su lado.
—¿ Pero qué te sucede?
—Dame un poco de agua; me ahogo.
La doncella de LucÃa se levantó, y un momento después llevó a Carranza lo que acababa de pedirla.
El antiguo comediante apuró el vaso con el mismo deleite que si hubiese estado lleno de Sorrento o Chipre, que eran, como saben nuestros lectores, sus vinos favoritos.
Luego dirigió a Teresa una mirada de gratitud.
—Hace pocas noches me dijiste, que, si en alguna ocasión necesitaba de ti, no vacilarÃas en servirme.
—Con efecto.
—Pues esa ocasión ha llegado.
—¿ En qué puedo serte útil?
—Teresa, necesito permanecer algún tiempo en esta casa.
—¡En esta casal
—SÃ.
—¿ Pero no comprendes que eso es de todo punto imposible?
