Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿Por qué?
—Porque yo no soy la dueña de ella.
—Eso no importa.
—No comprendo.
—Tú tendrás alguna habitación.
—Desde luego. Esta en que estamos.
—Muy bien. ¿ Adonde conduce esa puerta?
—A mi dormitorio.
—¿ Y esa otra?
—Es la que da salida al corredor que acabas de cruzar.
—¡Ahà SÃ, es cierto. No me acordaba. Verdad es que tengo la cabeza loca.
—¿ Pero qué te ha sucedido?
—Antes necesito que me digas si cuento con tu protección.
—Pequeña es, pero la tendrás; yo no ofrezco nunca en vano.
—¿Y permaneceré aquà unos dÃas?
—Bueno, hombre, bueno.
—¡Eres un ángel!
Carranza quiso tomar con su mano el rostro Teresa; pero ésta le rechazó.
—Ahora voy a explicarte lo que me ha sucedido.
—No deseo otra cosa. Sabes que mi defecto capital ha sido siempre la curiosidad.