Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —No te detengas, pues.
Teresa salió de la estancia.
Apenas quedóse solo Carranza, empezó a examinar cuanto habÃa.
—¡Pardiez!-se dijo— ¡La verdad es que para ser el aposento de una doncella, esto está amueblado con mucho lujo! ¡ Qué divanes! ¡Qué sillones! ¡Vaya una vida de prÃncipe que me voy a dar! Dice un proverbio ((que no hay mal que por bien no venga», y lo cierto es que en Ja ocasión presente se justifica la frase.
Carranza penetró luego en el dormitorio.
—¡MagnÃfico lecho! ¡La verdad es que mientras no vuelve Teresa, estoy por reposar un rato! Esto me harÃa olvidar mis pesadumbres.
Carranza se descalzó, dejándose luego caer en el mullido lecho.
—¡ A jajá!-se dijo restregándose las manos—. No recuerdo haberme echado nunca en una cama tan blanda. Ahora lo único que me entristece es que el hidalgo Peñalosa, a quien confunda Satanás en sus infiernos, no me haya entregado los ciento cincuenta escudos que me adeuda.
Carranza bostezó.