Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo El alguacil AnchÃa penetró directamente en la estancia de PepÃn.
Este habÃa llegado a su casa hacÃa pocos momentos.
Al ver a su amigo le alargó la mano.
—Gracias, mi querido Colás; gracias a ti no he tenido un disgusto grande.
—Deber mÃo era defenderte.
—¡Lástima que no hayas podido prender a ese miserable de Carranza, del mismo modo que a los espadachines!
—Precisamente vengo a hablarte de él.
—¿Has encontrado su pista?
—A punto he estado de hallarla.
—¿Dónde?
—No puedes figurarte la cosa tan extraña que acaba de sucederme.
—Refiéremela. Como comprenderás, no tengo sueño. La aventura de esta noche me ha preocupado lo bastante para alejarle de mis ojos.
—Después que conduje a esos bribones a uno de los calabozos de la alcaldÃa, volvÃme a mi casa, y no habrÃa pasado un cuarto de hora cuando se presentó en ella un rapaz, asegurándome que era uno de los domésticos del hidalgo Peñalosa.
PepÃn no apartaba sus ojos del alguacil.