Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Mucho aseguras.
—Acaso desconfÃas de mÃ?
—Eso nunca, Colas; me has dado muchas pruebas de ser un verdadero amigo, y jamás te las pagaré, aunque mi gratitud sea eterna.
—Entonces, ¿ por qué abrigas esas dudas?
—Porque me he persuadido de que el hidalgo es tan tenaz como miserable. —Poco debe importarte.
Y el dÃa menos pensado va a tenderme un lazo, del que no pueda evadirme.
—No lo creas. Ahora Peñalosa permanecerá algún tiempo sin intentar nada, y en cuanto se deslice en lo más pequeño, yo me encargaré de ponerle a la sombra.
—Después de todo, debo advertirte que tengo todas mis cuentas ajustadas. Todos tenemos que morir tarde o temprano, y preferible es que corten el hilo de nuestra existencia de una estocada, que hallarse postrado en el lecho con una larga enfermedad, cuyo desenlace nos conduce a la tumba.
—Es cierto.
—Yo lo único que sentirÃa era que ese bribón disfrutase las riquezas de una honrada familia; riquezas que servirÃanle para fomentar sus vicios.
—No te preocupen esas tristes ideas. Yo te aseguro que nada te sucederá.
PepÃn se encogió de hombros.