Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Que el hidalgo, a fin de alejar toda sospecha de que lo que me ha ocurrido esta noche fué por disposición suya, haya hecho que Carranza finja una fuga que à en realidad no se haya llevado a cabo.
—Eres más suspicaz de lo que yo creÃa, amigo Pepin.
—¿ No es posible lo que te digo?
—Y tanto como lo es. Te confieso que no habÃa pasado ni remotamente esa idea por mi imaginación.
—Asà es que lo que procede, en concepto mÃo, es que vigiles los alrededores de la morada de don Rodrigo. Si Carranza se encuentra en ella, no dejará de salir alguna noche. El no puede pasar sin hacer alguna visita a las tascas.
—Seguiré tu consejo.
—Y me parece que no te arrepentirás de ello,
—No puedes imaginarte los impulsos que he sentido de apoderarme del hidalgo Peñalosa, conduciéndole a un calabozo; pero me ha sido imposible verificarlo.
—Es natural; mientras no haya alguna prueba de sus delitos...
—La justicia no puede por ahora echarle la mano. No obstante, me parece que pronto realizaremos nuestro propósito.
—SÃ. Peñalosa no dejará de hacer— gestiones hasta conseguir quitarme de en medio.
—Pero no lo logrará.