Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —No lo creas. El hidalgo, aunque es un tunante de los más finos, está cansado de las muchas trastadas que le ha hecho Carranza.
—¿Luego tú has venido a manifestar a PepÃn lo que ocurre?
—Precisamente; y a tranquilizarle con mi firme promesa de buscar a Carranza, a quien encontraré aunque se oculte bajo la tierra.
—¡Pero hombre!
—No le disculpes, Teresa. Carranza no es digno de compasión. En cuanto yo le pesque, no me contento con encerrarle en un calabozo, como he hecho con sus camaradas.
—¿Pues qué vas a hacer?
—Voy a entregarle al Santo Oficio, para que le apliquen los tomentos más horrorosos, y luego será conducido al quemadero.
Carranza, que oyó estas palabras, hizo una mueca, y encogióse para disminuir de volumen.
—No ha de pasarlo muy bien-prosiguió el alguacil—, porque ha hecho muchas canalladas.
—¿Pero si se arrepintiese?...
—¡Cá! Eso no es posible. El no $e arrepiente jamás.
—¡Quién sabe!
—¡Bien se conoce que en otro tiempo has sido su amada, y aún conservas hacia él algún afecto.
—No lo creas. Aquello pasó para no volver nunca.