Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Toma y bebe tú; ya sabes que nunca he sido aficionada.
Creà que ahora habÃas cambiado.
—¡Yo!
—'Pues entonces, ¿para quién traÃas estas botellas?
Y una maliciosa sonrisa se dibujo en los labios del corchete.
—Vamos, ya lo comprendo-dijo después.
Teresa palideció.
—Siempre serán para algún amante.
—No lo creas.
—¡ A qué me lo niegas, muchacha?
—Porque no es verdad.
—Como comprendes, yo no soy tutor tuyo, y poco me importa aunque tengas una docena de admiradores. Ahora lo que sà te recomiendo por tu bien, es que elijas personas que valgan más que Bartolessi y que Carranza.
Y el alguacil se puso en pie.
—Adiós, Teresa.
—Adiós, Colasillo.
Iba éste a salir del aposento, cuando la cortina que cubrÃa la puerta del dormitorio se levantó súbitamente apareciendo Carranza.