Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Carranza estaba lívido.
Teresa lanzó una exclamación de asombro.
En cuanto al alguacil, habíase quedado inmóvil como una estatua.
Carranza corrió hasta él, y, cayendo de rodillas, prorrumpió en sollozos.
—¡Ah, grandísimo bribón! ¿Conque estabas aquí? —preguntó Colás.
Y cogiendo de las orejas al comediante, le obligó a ponerse en pie.
—¡Por Dios, don Nicolás, no me maltratéis! Comprendo que he sido un infame; pero nunca será bastante mi gratitud si obtengo vuestro perdón.
—No lo obtendrás tunante.
—Ya veis que voluntariamente he abandonado mi escondite.
—Ahora mismo voy a entregarte a la mano de hierro de la Inquisición.
—No, no haréis eso. Os conozco demasiado; sé que sois el más generoso de los hombres.
—¡ Y a verás mi generosidad!
—Y o seré vuestro esclavo, yo obedeceré todas vuestras órdenes.
—Sígueme, pues.
